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Estamos en pleno siglo XXI y todavía hay gente que confunde el frigorífico con la nevera, ese pozo antaño excavado en la tierra donde se almacenaba la nieve recogida durante el invierno para preservar los alimentos en las estaciones más cálidas. Y mira que hablamos de tecnologías radicalmente distintas, por más que el propósito sea el mismo.

De la misma forma, también existe un océano de diferencia entre los primeros frigoríficos domésticos lanzados a comienzos del siglo pasado a los modelos actualmente disponibles. Porque no solo ofrecen controles de temperatura más refinados y funciones domóticas, sino que han pasado de ser uno de los electrodomésticos más glotones de la casa a máquinas sumamente eficientes. Algo que por otro lado ha requerido de una cantidad de tecnología en la que muchas veces ni siquiera reparamos.

Horriblemente caros y aterradoramente peligrosos: llegan los primeros frigoríficos

Mucho antes de llegar a modelos de alta capacidad y eficiencia como los frigoríficos de LG, ingenieros y hombres de negocios de todo el mundo se rascaban la cabeza pensando en cómo conservar mejor los alimentos y garantizar su seguridad en un contexto de industrialización y masificación urbanística.

Sin la posibilidad de recurrir a las neveras de antaño, mercados y restaurantes optaban por almacenar grandes barras de hielo en cámaras aisladas, algo que no era una opción en el caso de los domicilios particulares.

Los primeros frigoríficos modernos llegaron en torno a los años 20 y florecieron en los Estados Unidos. Con un precio superior al de un Ford Modelo T, no eran lo que se dice económicas. Tampoco seguros o eficientes. Inicialmente estas máquinas no eran otra cosa que armarios de madera y acero con un circuito refrigerador, muy avanzado para la época pero terriblemente peligroso.

Dicho circuito desprendía una cantidad de calor lo suficientemente elevada como para servir de calefacción en una cocina pequeña, pero lo que era más grave: utilizaba dióxido de azufre o metanoato de metilo, por lo que una fuga podía causar dolorosas quemaduras en la piel, ceguera o incluso un incendio.

Con el tiempo los fabricantes cambiarían a nuevos (y contaminantes) circuitos de freón, de menor toxicidad y relativamente estable. La mejora en seguridad fue notable, no así el interés en la eficiencia de este electrodoméstico cada vez más popular.

No había conciencia real del consumo ni presión alguna para prestarle atención, por lo que a grandes rasgos permanecieron inalterados durante nada menos que medio siglo.

Y entonces llegó la catástrofe.

El momento en el que todo cambió: estalla la crisis del petróleo

Se puede decir desde los años 20 y hasta los 60 los avances en materia de conservación doméstica de los alimentos mediante el frío no avanzaron gran cosa.

Los frigoríficos se hicieron cada vez más grandes, los congeladores se popularizaron y se empezó a prestar cada vez más atención al diseño, pero nadie reparaba en que el frigorífico devoraba kilovatios sin el menor ápice de mesura. Esto cambió con la crisis del petróleo.

La inestabilidad en Oriente Medio y las graves restricciones en la exportación de petróleo a Estados Unidos y Europa hicieron que de repente la gente no solo tomara conciencia del consumo de sus coches, sino que también prestara atención a la factura de la luz.

De repente el frigorífico se había convertido en un auténtico problema para la economía familiar, y tanto fabricantes como gobiernos comenzaron a plantearse estándares de eficiencia.

La velocidad con la que se introdujeron los cambios fue fulgurante. Rápidamente empezaron a plantearse sistemas de sellado con tolerancias mucho menores y bombas de mayor rendimiento. También se sustituyeron los antiguos materiales aislantes por nuevas espumas de alta densidad, mucho más efectivas a la hora de conservar el frío dentro del frigorífico.

Estos cambios marcaron un antes y un después en la historia de este electrodoméstico, que desde entonces no ha dejado de ganar nuevas funciones avanzadas con el propósito de sacar el máximo partido a una tecnología que se fundamenta sobre unos principios por otro lado sobradamente conocidos.

Y es que la tecnología no deja de avanzar, pero las leyes de la física se mantienen imperturbables.

¿Pero cómo funciona exactamente un frigorífico moderno?

 

Generalmente un frigorífico moderno utiliza un circuito de gas refrigerador cuyas propiedades físicas se modifican para generar frío. Esta operación se realiza en un ciclo cerrado y no implica mantenimiento alguno desde la aparición de los modelos con descongelación automática, que se encarga de eliminar hielo formado en el elemento refrigerador.

El ciclo comienza introduciendo un compuesto químico refrigerante en forma de vapor a baja presión y temperatura ambiente (o ligeramente inferior) en una cámara de compresión, donde se transforma en vapor a alta presión y temperatura. Desde ahí parte a un sistema de condensación en forma de tubos; el famoso serpentín metálico que todos hemos visto alguna vez cuando echamos un vistazo a la parte trasera de un frigorífico.

El condensador tiene por misión reducir la temperatura de dicho gas, disipando su calor al aire de alrededor. Llegados a este punto el gas comienza a transformarse en líquido hasta que llega a una válvula de expansión donde se reduce drásticamente la presión del circuito. Ahí tiene lugar la magia. O la física, más bien

Puesto que el punto de ebullición baja con el cambio de presión (¿recordamos las clases del instituto?), el refrigerante se evapora de forma casi explosiva, absorbiendo el calor del refrigerante aún líquido. El gas es conducido después por unos tubos donde se produce otro intercambio de calor al enviarse el aire del interior del frigorífico al circuito, absorbiendo su calor. Una vez enfriado este aire se manda al interior del frigorífico para enfriar los alimentos.

Tras absorber el calor del interior del frigorífico, el gas refrigerante, ahora a temperatura ambiente, llega de nuevo al compresor, donde se reinicia el ciclo.

Aunque parezca increíble, esta ha sido la técnica básica utilizada por virtualmente todos los frigoríficos desde hace cerca de un siglo. Los auténticos avances se han centrado en cómo obtener el máximo rendimiento con la menor cantidad de energía, lo cual ha requerido todo tipo de medidas de optimización.

Innovaciones tecnológicas y la importancia de la eficiencia energética

Como hemos podido ver, el proceso para generar frío (o más correctamente para transferir el calor del inferior del frigorífico) implica una serie de mecanismos con el propósito de provocar cambios de estado en un compuesto químico. Una operación increíblemente ineficiente en sus inicios, pero que hoy en día está controlada milimétricamente mediante una serie de mejoras técnicas e innovaciones sumamente creativas.

LG, con su reto Smart Green, apuesta decididamente por los frigoríficos de bajo consumo sin que importe su tamaño o configuración, destaca dentro del mercado por su compresor Inverter Linear Compressor™, que ofrece la mayor fiabilidad del mercado.

 

Este compresor LG Inverter Linear Compressor™ cuenta con menor número de piezas al tener un único punto de fricción en comparación con los cuatro de modelos convencionales. También proporciona una temperatura óptima, sin fluctuaciones de temperatura para conservar mejor los alimentos, una reducción del nivel sonoro de hasta el 25% y 10 años de garantía en el compresor, que es algo único en el mercado.

Asimismo, la tecnología LG InstaView Door-in-Door™ evita tener que abrir la puerta para comprobar que hay que en el interior; tan sólo haz toc-toc. De hecho, LG estima que gracias a su puerta de cristal es posible reducir la pérdida de frío en un 46,5% al no tener que abrir la puerta al completo.

Y no solo los alimentos se pueden observar a través de la puerta, sino que podemos abrir únicamente la sección Door-in-Door™ para evitar que se escape el frío cuando solo queremos coger un refresco.

 

Por último, el cajón Fresh Balancer con Magic Crisper, diseñado para facilitar una cuidadosa condensación en su interior, regula y mantiene la humedad óptima para mantener frutas y verduras un 20% más frescas al cabo de una semana. De esta forma se evita el tener que reducir la temperatura general del frigorífico, lo que incrementa de forma considerable el consumo y puede causar quemaduras por congelación en los alimentos más delicados.

Gracias a todos estos avances la gama de frigoríficos de LG ofrece una eficiencia envidiable, con niveles A++ e incluso A+++ en el caso de los modelos más avanzados. Y esto es algo que se nota en el medio ambiente. Las cifras no mienten, y un estudio elaborado por TopTen, organización asociada a la Fundación Europea del Clima (ECT) y respaldada por la Comisión Europea, así lo demuestra.

Según se ha comprobado examinando las ventas de frigoríficos entre 2004 y 2014, el mercado europeo ha mejorado una clase de eficiencia completa en un periodo de 10 años, hasta el punto de que ya no se venden frigoríficos por debajo del nivel A+. Es más, la eficiencia volumétrica se ha mejorado nada menos que el 27%, con una reducción del consumo energético del 25%. Y todo esto se ha conseguido estimulando la compra de modelos más eficientes.

Como bien señala el estudio, la diferencia económica entre un frigorífico convencional y uno de alta eficiencia es relativamente reducida. De hecho, hasta se puede considerar una inversión, puesto que hablamos de un electrodoméstico que dura años y años. Tan solo quédate con el dato de que podemos ahorrar hasta 600 euros a lo largo de la vida útil de un frigorífico usando un modelo de alta eficiencia.

En suma, apostar por un frigorífico de alta eficiencia no solo es recomendable, sino también rentable. Para nuestra economía, pero también para el medio ambiente. Y gracias a los avances tecnológicos introducidos por LG, podremos beneficiarnos de ella independientemente del diseño escogido.

Imágenes | Wikipedia (1 y 2, Stock, LG, TopTen)

Características:

  • El primer frigorífico que te permite ver su interior sin necesidad de abrir la puerta, tan sólo haz “Toc, Toc”.
  • Máxima Fiabilidad y Durabilidad Máxima.
  • Frescura: el único que regula y mantiene la frescura de frutas y verduras.
  • Frigorífico inteligente preparado para el futuro (IoT).

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