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La fabricación de un nuevo smartphone requiere tanta energía como su uso durante toda su vida útil. No olvidemos que ni siquiera gastamos 2€ al año en mantenerlo cargado. Cada vez que cambiamos de móvil, si tras él no existe un firme compromiso de reciclajesostenibilidad, estamos clavando otro clavo en el ataúd del cambio climático.

Uno de los estudios más citados, el publicado en el Journal of Cleaner Production y a cargo de investigadores de Universidad de McMaster, concluyó estas cifras. Y seguimos: la huella de carbono de esta industria, que en 2007 apenas ocupaba el 1% del total, puede llegar a superar el 14% del total mundial en 2040, en cuanto a emisiones se refiere. El equivalente a las cifras de la actual industria agroalimentaria, y a la mitad de lo que genera la industria del transporte, esa que nos mantiene alimentados.

Reto Smart Green España

Con el Reto Smart Green, LG quiere concienciar de la necesidad de cuidar el planeta y conseguir que entre todos plantemos 47 millones de árboles nuevos al año en España, disminuyendo el efecto de las emisiones de CO2.

Vamos a ser honestos desde el comienzo: un smartphone, al igual que cualquier producto electrónico, es un problema ambiental. También han supuesto una revolución histórica en las comunicaciones, han logrado concentrar milenios de conocimiento y han logrado que hasta los más luditas jueguen a ‘Candy Crush’ entre desplazamiento y cambio de metro.

Pero si estamos aspirando a una reinvención urbanística de las ciudades, de los corazones de la sociedad, ¿por qué no podemos hacer lo mismo con el gadget más importante del siglo? Nuestros teléfonos nos representan hasta el punto de configurar un bioma propio, hemos aprendido a vivir con ellos. Ahora debemos aspirar a un estado sostenible donde ellos puedan convivir con nosotros. Sin perjudicar nuestro futuro.

Un problema material

Comencemos arrojando algunas cifras. Aunque hierro (20%, usado en los altavoces, micros y marcos), aluminio (14%, carcasa, si no es de vidrio) y cobre (7%, cableado y caloductos) son los tres metales más comunes en un smartphone, no son los más reciclables. Cobalto, níquel, magnesio, palatino e incluso oro (una de las principales causas de la deforestación en el Amazonas) están en la parte más alta de la tabla.

Las baterías son el punto negro en materia de reciclaje: hasta un 97% de un terminal es reciclable, pero la batería requiere un tratamiento individual. Es la razón por la que hasta unas 180.000 toneladas de baterías se convierten en chatarra cada año.

Algunos investigaciones concluyen en que la mayor parte de estos minerales raros desaparecerán de la faz de la tierra en medio siglo o menos. Un total de 62 metales y semimetales sobre los que debemos encontrar alternativas, modelos de extracción que no liberen sustancias altamente tóxicas o modelos de reciclaje más eficaces.

Menos teléfonos, mejores teléfonos

La compra de smartphones ha bajado el ritmo, no así su uso. A cambio, los terminales han demostrado ser, cada vez, de mayor calidad.

Las gamas de entrada han incorporado decenas de features heredadas de sus hermanos mayores, desde el uso de cerámicas en la construcción del terminal hasta sensórica para aumentar la seguridad y rendimiento —escáner facial, de huella dactilar, GPS, podómetro, sensor de proximidad, de luz ambiental, de ritmo cardíaco…—.

Pero la clave reside en la cantidad de energía gastada. No solo en la fabricación de un teléfono móvil, también en cómo se alimenta: la demanda de uso de electricidad crece cada año exponencialmente. En 2010, la energía que consumían los centros de datos y toda la industria de las TIC superaba el 5% mundial. El 7% en 2012. Las estimaciones apuestan por entre un 10 y un 20% para dentro de una década.

Piensa en verde

¿Y qué podemos hacer como consumidores? Nada de comprar por comprar y acabar dejando el móvil en un cajón en cuanto salga el siguiente modelo. Animarse a reciclar, reinvertir y aspirar a productos que inviertan por la sostenibilidad. La tendencia no debería ser ir a peor.

Y LG ha asumido el reto, comenzando con la reforestación de un Parque Natural como Alcoroches, en el Alto Tajo, plantando 1,5 millones de árboles. En el año 2012 vivió uno de los incendios más agresivos de la década y hasta 1.200 hectáreas fueron arrasadas por el fuego.

Mediante drones de última generación y la colaboración de la ‘startup’ CO2 Revolution, se están lanzando miles de iSeeds, semillas inteligentes de alta resistencia, logrando una reforestación 100 veces más rápida y 10 veces más barata que mediante medios tradicionales.

Un gran pulmón de reabsorción de CO2 —el alimento de los árboles— en el que está implicado el nuevo smartphone LG G8; varias de sus unidades están siendo usadas para monitorizar la plantación de estos árboles con las tres cámaras principales —de las cinco que forman su capítulo fotográfico—. El plan aspira al objetivo de plantar 47 millones de árboles al año en España, con el nuevo LG G8 como abanderado tecnológico.

Un reto que han querido empujar también entre los usuarios mediante dos sencillos pasos:

  1. Subir a Instagram o Twitter una foto o vídeo plantando una semilla o planta.
  2. Etiquetando a LG mediante el hashtag #SmartGreen #UnaPersonaUnÁrbol y siguiendo a @LGEspana en redes.

A cambio, puedes ganar 1.000 € para gastar en la tienda online de LG. Y el sorteo de una Instalación Solar valorada en 12.000 euros. Con el nuevo LG G8 podemos compensar, al menos, lo que contamina su fabricación y espolear por un futuro más verde.

Porque además de smartphones, LG está trabajando en NeON, su última tecnología en paneles solares con hasta 25 años de garantía. Un plan al que debemos sumar el ahorro en lavadoras y frigoríficos mediante lo que han denominado ecotecnología: reducciones drásticas en el consumo de la luz que redundan en una menor demanda de producción y menores emisiones de CO2.

Lograr un alto desempeño a la vez que incrementa la sostenibilidad es posible. Sólo hay que trabajar duramente en ello.

 

 

Imágenes | LG